Censo natural de flora y fauna: controlar para cuidar

Una de las formas más eficaces para el control del medio ambiente en las zonas aledañas a las minas son los censos de flora y fauna. A través de este instrumento –digamos que es el mismo

por medio del cual se desarrolla el pensamiento demográfico urbano y suburbano- se puede acceder al conocimiento acerca de la evolución de las especies, y a su vez a obtener información que permita proteger las especies más débiles.

El Modus Operandi

La realización de lo censos es a pie y se llevan adelante a través de líneas de marcha fijas de uno a tres kilómetros cada una. Durante el paso a través de estas líneas se registran y se enumeran todas las especies que se alcanzan a percibir en los costados de la línea de marcha.

De acuerdo con Jorge Gonnet, especialista en ecología y bioestadística mediante “un esfuerzo razonable, el monitoreo visual es la técnica con la que se recaudan datos de mejor calidad”.

En la actualidad, Gonnet está a cargo de este tipo de censos en el emprendimiento aurífero Veladero, ubicado en la provincia de San Juan. Asimismo, señala Gonnet que este tipo de control suele ser complementado con otros tipos de instrumentos tales como:

- capturas vivas de micro-mamíferos (por ejemplo: los ratones de campo) con tramperos especiales que se colocan por la noche.

- cámaras fotográficas con sensores de movimiento. Es importante destacar que este tipo de tecnología permite identificar especies, cuya visibilidad se dificulta con las herramientas tradicionales, esto se dan fundamentalmente en el caso de pumas u otros felinos.

Respecto de la periodicidad de este tipo de monitoreos, se realizan de manera estacional. En otras palabras, se llevan adelante al menos un rastreo por cada estación del año (en definitiva, trimestralmente).

En lo relacionado singularmente con la flora, el trabajo es mayor. No solo se realiza un conteo, sino que la especie se repone, dado que así lo establece a modo de exigencia la ley: el paisaje impactado por la actividad debe ser restaurado.

El caso de las vegas altoandinas es ejemplificador a este respecto. Esta especie es considerada de gran importancia en la cordillera donde, ya que dadas las temperaturas extremas, casi no existe otro tipo de vegetación. De manera que, los biólogos y demás especialistas estiman que son ecosistemas clave y altamente productivos en la medida en que concentran la fauna silvestre, al tiempo que contribuyen a la heterogeneidad del hábitat.

Todo esto motivó que un grupo de biólogos se halle restableciendo los parches de pastizales en las alturas sanjuaninas. La acción llevada adelante fue la siguiente: primero se recurrió a la extracción, luego fue cultivado en viveros y, en último lugar, fueron vueltos a colocar en la cordillera. Esta tarea, inédita en Sudamérica, de acuerdo con Gonnet ha recuperado hasta el momento 4, 5 kilómetros de vegas: 25 % del total proyectado. Según estimaciones de los expertos, la abnegada tarea se verá su fin en los próximos 4 años.

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